lunes, 11 de febrero de 2013

PLATÓNICO




Con el tiempo, aprendí a tocarte sin tocarte, a besarte sin besarte, a hacerte sentir  mujer al  producir en ti un inesperado suspiro, a abrazarte con el suave soplido de mi recuerdo, a ser el sol que te despierta, a ser la luna que te desvela, a caminar descalzo por tus pensamientos, a ser la lluvia que cae sobre tu cuerpo, a ser aquel  en que piensas de dientes para dentro, a ser un desconocido si te preguntan por mi.

Con el tiempo,  aprendí  que en tu camino no soy sólo una efímera visita,  a ser quien consuela tu alma murmurándole caricias en el silencio de tus temores, a que nadie tropieza mis pasos sin un propósito definido, a ser aquel que se rehúsa a no ser tu primer pensamiento al levantarte, a tenerte cuando se me antoje sólo con cerrar mis ojos y verte tatuada en la parte interna de mis pupilas.

Con el tiempo, aprendí a aplaudir lo platónico de tu compañía, lo intangible de tu aliento, lo bello de tu sombra desnuda, a apreciar lo que no se ve pero si se siente, a quitarle las horas al tiempo que nos separa, a esperarte  en ese espacio sin época  sin importarme si decides venir o decides no hacerlo, de igual manera nadie puede prohibirme tenerte cautiva en mi cabeza.





lunes, 19 de noviembre de 2012

MI RECUERDO


Mi recuerdo dejó de ser de  mío en el preciso instante en que todo terminó, ahora lo tienes tú, dices ser la dueña y yo con los brazos atados veo como lo ajustas a tu antojo de manera arbitraria poniéndole los harapos que mejor te parecen.

Lo vistes de melancolía al recordar aquella lluvia de gotas grandes  con que caminábamos juntos en aquella noche de marzo, de momentos gratos bajo aquella luna que observaba la sombra de mis dedos deslizarse por todo tú ser, de tristeza en aquella tarde de verano en que destrocé mi garganta al dejar salir ese nudo que decía ya no amarte.

Ahora soy un hombre que  es tan pobre que ni es dueño de su propio recuerdo, para ti nunca seré yo, si no el recuerdo que tu hiciste de mi, juega con él, vístelo a tu acomodo, desjareta lo bueno, embriágate con lo malo, lo único cierto es que mientras yo vivo en la miseria de un hombre  desdichado que no es dueño ni de las huellas que ha dejado en tu camino, tú cargarás con el peso de mi recuerdo en tu memoria por siempre.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

A TI Y A TODOS TUS DEMONIOS

 
No decido conocer a quien conozco, no pongo las piedras con que tropiezo en mi camino, no sé aun si eres la suma completa de todas mis malas acciones o la inequitativa división de las buenas.

Sé que eres una princesa que perdió el abolengo y las buenas costumbres. Eres lo opuesto a lo que quise alguna vez para mi, eres el canto débil de mi corazón cansado, eres todo
 lo que mi madre alejó de mi camino, eres la escultura inconclusa de tus amores pasados, eres el lado oscuro de mis instintos reprimidos, eres la colección de tus errores y mis aciertos.

Eres aquel detalle que llegó a mi puerta sin remitente, eres lo que aprendí amar sin predisponerme, te amo a ti y a todos los demonios que cuelgan de tus alas pues eres la respuesta a las plegarías de todos mis santos.

lunes, 2 de mayo de 2011

Mi Eva (PARTE I)

“Hoy, exhalando un suspiro puede concluir que he aprendido a besarte sin tocar tu boca, a desearte sin conocer tus formas, a sentir que llegas aunque no lo hagas, en conclusión he aprendido a amarte sin conocerte…”.

El teclear es suspendido por unos segundos, Adán toma el cigarro que encendido tiene en un cenicero al costado de la computadora, aspira con desespero como si así pudiera atragantarse la cura que le quitaría la maldita ansiedad que lo atraviesa entre pecho y espalda, luego, lo desecha lentamente, quedando inmerso en una borrosa nube de humo que lo enceguece por segundos.

Sus días no habían sido fáciles, Adán había perdido todo, y su todo era una sola pertenencia, Eva. Burlas se ganaban al caminar por sus nombres recordar aquella historia del comienzo de los tiempos, pero a ellos no les importaba, no frenaban su paso. Habían vivido mucho y hecho todo pero en concreto nunca fueron nada, nunca quisieron llamarse “novios” o “pareja”, no tocaron ese tema, pues eso les daba un distintivo que encerraría su relación en un concepto y el amor que decían tenerse no podía ser atado o encarcelado, para que así fuera siempre libre. Lo que nacía sin pretensiones, poco tendía que perder si terminaba sin explicaciones, poco pensaban en conceptos, en juicios de valor, en obligaciones, sólo se preocupaban por el segundo vivido, el sentimiento presente y por respirar el aroma que nada mas se creaba cuando ambos se juntaban.

Ella era delgada, zapatos tenis y alma citadina. Daba besos profundos pero suaves que siempre lo adormecían a tal punto de dejarle su corazón latiendo pasito. Poco se acordaba de su físico cuando la traía a su mente, no era lo que le importaba, prefería asociarla con lo que sentía al verla. Nunca le preguntó su edad ni donde había nacido, no era relevante, lo importante era quien era y no qué la había llevado a ser como era, para qué perder los minutos en eso, si había tanto por contar, tanto por sentir.


Inmerso en la nube de humo Adán no pudo evitar compararla con lo que fue Eva en sus días, el analgésico que creyó mataría su angustiante ansiedad, pero se le desvaneció en la cara poco a poco sin la mas mínima posibilidad de poder tocarla, ni abrazarla, ni despedirse de ella. Retoma su escritura y al teclear con fuerza apaga el silencio de la habitación:

“Hoy decidí imaginarme tu olor para cuando aparezcas pueda reconocerte así estés detrás de mi y ahí tocar tu hombro, sonreírte y decirte: te estaba esperando desde hace varios amaneceres, hace algunos ayeres, hace tantas vidas o quizá simplemente desde siempre…”.


Adán siempre había soñado con ser escritor y comer de sus letras, por eso, dejó a su padre y hermanos desde muy temprano pues sabía que la escritura en el campo deja tan pocos dividendos como un almacén "QuikSilver" en el Polo Norte. Su padre don Antonino García, era un campesino que a duras penas se comunicaba sin atropellar el idioma, pero en su interior era claro y lúcido como una bandeja de plata, no sabía leer ni mucho menos escribir, pero era un revolucionario innato que sabía que todo podía ser mejor. Nunca tomó un fusil, nuca gritó arengas en la plaza del pueblo buscando incitar a la gente a levantarse en contra de un estado corrupto que les negaba la educación y la salud; su única válvula de escape era la música. No tocaba ningún instrumento sólo interpretaba muy bien su silbido de manera muy afinada, pero, desde pequeño fue coleccionista de los grandes de la salsa. Los domingos luego de trabajar la tierra unas horas, se bañaba y cambiaba con su ropa mas formal, también vestía a sus cuatro hijos (entre ellos a Adán), sacaba a la puerta su viejo equipo de sonido de transistores, lo ponía en un volumen moderado para no espantar a las bestias de los establos y los sentaba alrededor de su mecedora a escucharlo silbar y tatarear las letras de los grandes maestros del género tropical: Celia cruz, Hector Lavoe, Willy Colón y en especial, al que más admiraba, el gran Rubén Blades, conocidos por muchos como: "El intelectual de la salsa". Don Antonino lo respetaba tanto por ser uno de los únicos cantantes populares que en la década de los ochentas con sus música apoyaron la moral de aquellos que sufrían las dictaduras en el centro y sur del continente, también por ser el creador de canciones que rescataban los valores familiares como “Amor y Control” y el amor por lo propio y lo no negociable como “Plástico”. Para él sus letras eran una manera de inculcarle a sus hijos los valores que creía necesarios para ser personas de bien, eso que según él son de esas cosas que no enseñan la escuela. Sentado en su mecedora de vez en cuando se le lograba ver una lagrima que rápidamente se perdía en las arrugas de se rostro mientras escuchaba temas como: “El padre Antonio”, “Desapariciones”, “Plantación adentro”, “Siembra”, “Maestra Vida”, y especialmente la canción de donde sale el nombre de su cuarto retoño: “Adán García”.


Adán fue por un pocillo de tinto y una caja de fósforos para encender el noveno cigarrillo de la noche, mientras, recordaba las palabras de su padre antes de tomar el bus que lo trajera a la tan idealizada capital: “Aquí tienes todo lo básico que necesitas para vivir, allá aprenderás el valor que tiene cada una de estas cosas. Algún día entenderás que soñaste con lo que no tenías y cuando lo tengas extrañarás las que dejaste caer de tus manos para recibir eso que buscabas. Si eso te llegara a suceder, tu viaje habrá sido todo un éxito, habrás aprendido el valor que tiene lo no negociable, lo que no se compra”, abrazó a su padre como si quisiera unir su cuerpo con el de él para así no tener que dejarlo, se montó en el bus y ya de eso han pasado 8 años, 5 empleos sin trascendencia en periódicos locales y 1 amor marchito que hoy lo tenía escribiendo de madrugada.

“Amarte ha sido idealizarte, no tenerte ha sido pensarte sin descanso, desearte mantiene mis pulmones inflados, pero el no estar a tu lado es el alfiler que amenaza con pincharlos...”



E-V-A, en esas tres letras cabía todo lo que él había soñado, sentía su estomago lleno cada día que despertaba y pensaba en ella, valió la pena salir de casa, dejar a papá solo, pasar hambre y todo tipo de necesidades para encontrarla, pero si hubiera sabido que su despedida lo dejaría peor de como estaba cuando la buscaba, seguro hubiera preferido seguir soñándola sin encontrarla.

Eva se fue al no sentir compromisos con Adán, eso que en su momento los unía los terminó separando, ella buscó otros atardeceres mientras él seguía pensando que era su único sol, así como nunca comenzaron una relación como tal, nunca la terminaron, un día cualquiera fue a buscarla y ella ya no estaba, se fue, simplemente se fue, se llevó consigo hasta lo que llenaba su estómago cuando la pensaba, por eso reía con algo de sarcasmo a solas, pues le quitó hasta lo que estaba en su interior.


Recordó tiempo después la vio caminar de la mano de alguien y aunque quiso sentirse mal no pudo porque la Eva que amó ya no existía, era otra, no sintió lo mismo, no volvió la pesadez a su estómago, fue como ver a una desconocida, tenía un aire, pero no era ella. La que Adán amaba se parecía más a esa mujer a la que le escribía en esta noche, esa que vivía en su recuerdo, la que veía era la Eva de otra persona no la de él, la saludó y aunque ella quiso hablar un rato, él prefirió prometerle un café que de antemano sabía nunca llegaría.


“A veces prefiero no encontrarte, dejarte tal cual te tengo en mi cabeza, te visito cuando quiero y me amas de la misma manera que yo te amo a ti, sin presiones, ni arrugas, ni los ademanes del mañana.
No te amo a ti, amo al recuerdo que hice de ti”

Terminando de escribir, dio “click” en “Guardar como”, pensó en un nombre y solo se le ocurrió “Mi Eva”. Recordó la canción que su padre silbaba cada vez que lo veía llegar a casa cada diciembre, “Adán García”, decidió ponerla en su equipo de sonido a un volumen moderado para no despertar a sus vecinos que aún dormían. La repitió sin descanso mientras daba sorbos al tinto ya algo frio. Se sentó en la mecedora, rasgó la cabeza de un fosforo contra la pared para encender el último cigarro de la cajetilla mientras repetía el coro de la canción en su cabeza como eco en apartamento desocupado:

“Esto se acabo vida, la ilusión se fue viaja, el tiempo es mi enemigo. En vez de vivir con miedo, prefiero morir sonriendo, con el recuerdo vivo…”



De sus ojos brotaron un par de lagrimas iguales a las de su padre, la escena era idéntica a la de Don Antonino los domingos rodeado de sus hijos mientras se mecía, lo único que la diferenciaba era que él estaba completamente solo. Adán recordó lo que le dijo antes de que se montara en el bus, no lo había entendido bien hasta ese momento mientras se mecía de manera repetitiva y lenta. Evocó ese último abrazo y sintió que era lo que podía llenar el vacío de su estómago. No pudo evitar compararse con el protagonista de la canción y decidió de igual manera tomar una decisión desesperada, sintió la necesidad de “no vivir con miedo si no de morir sonriendo con el recuerdo vivo”, para eso debía: volver a su casa, abrazar a su padre, dejar el cigarrillo maldito vicio citadino y llevar consigo a su Eva, su único equipaje.

martes, 29 de junio de 2010

PALABRAS INGRATAS

!Ay mis palabras¡ Hijas precoces que se juntan unas con otras, otras con unas, toman sentido, crean historias, moldean sentimientos y cuando se creen listas amarran sus abarcas y salen a vagar por el cosmos.

Tan livianas como los sueños viajan vestidas con harapos de colores y lentejuelas. En sus bolsillos cargan un pasaporte universal que les permite recorrer lo inimaginable, visitan las almas fértiles que deciden escuchar sus historias, ahí: las tocan, las aman, las odian, las tiran, las cuestionan, las toman como propias pero siempre las sienten, simplemente las sienten.

Mientras, yo sigo acá, sentado frente a un teclado creando nuevas palabras ego centristas, ingratas, volubles y precoces que me recuerdan a ese millar de hijas perdidas en el cosmos.

Con el sonsonete del teclear les invento una canción de despedida sabiendo que pronto abandonarán mi cabeza y olvidarán su lugar de nacimiento, conocerán el interior de otras gentes y mi nombre ya no les será familiar.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Ésto fue lo que aprendí...


Hace poco alguien me pregunto: “…Y Bueno en este tiempo; qué aprendiste en Bogotá”, luego de mucho pensar y por algunos momentos caminar por la carretera del tiempo en retro pude llegar a éstas breves conclusiones:
Aprendí que la bacanería existe en otras latitudes distintas a la costa.
Aprendí que soñar no cuesta nada.
Aprendí que el sabor no se improvisa ni se aprende, simplemente se tiene o no se tiene.
Aprendí que la luna de Barranquilla si tiene algo que maravilla.
Aprendí que los “no joda” también existen en la capital, simplemente que son rojos y tienen un nombre distinto.
A prendí que este acento bien administrado da muy buenos dividendos.
Aprendí que entre más personas conozco, más aprecio a mis pocos amigos.
Aprendí que pagar $10.000 pesos por una cerveza es un precio justo si el lugar y la compañía lo ameritan.
Aprendí que el dinero es más fácil de conseguir de lo que pensaba pero más difícil de mantenerlo en el bolsillo de lo que esperaba.
Aprendí que amo a mi hermano.
Aprendí que el frío es una buena excusa para abrazar a una mujer.
Aprendí que aunque el sol es el mismo y que Bogotá está 2600 metros más cerca de él, acá se siente más cerquita.
Aprendí que un buen arroz con coco y un buen pescado no sabe igual si no se está escuchando a las olas estrellar unas contra otras.
Aprendí que en un “ajá” cabe la explicación del mundo entero.
Aprendí que siempre que hablo con las personas que amo al escuchar su voz imagino su rostro.
Aprendí que no solo en Barranquilla hay niñas lindas.
Aprendí que no existe lugar lejano sino miedo a lo que se encontrará fuera de casa.
Aprendí que el carnaval es mucho más que ron maicena y agua helá.
Aprendí que el abrazo de mi madre y de mi abuela vale más que todo el dinero del mundo.
Aprendí que mi ciudad Barranquilla no es un sitio o un espacio delimitado; es un estado del alma...
Aprendí que soy un hombre del Caribe y que aunque mi piel es clara mi sangre es oscura, nunca lo voy a olvidar.
Aprendí o mejor reafirmé, que a las mujeres hay que quererlas y no entenderlas.
A prendí que el tropipop es un mal intento de pasar al vallenato de lo particular a lo universal.
Conocí a una tía espectacular.
Aprendí que en Bogotá no era nadie y que en Barranquilla si lo soy.
Aprendí que lo más difícil de arrancar es dar el primer paso.
Aprendí de donde venía mi abuelo y también entendí parte de mi forma de ser.
Aprendí que hay gente que me quiere sin ser de su familia.
Aprendí que las cachacas son desconfiadas; pues dejan las nalgas en la casa.
Aprendí la diferencia entre orgullo por mi región y regionalismo.
Aprendí que hay cachacos buena gente (muy pocos, como dos o tres, no mentiras…).
A prendí a comer y a comprar buen chontaduro.
Aprendí que explicarle a un cachaco que un matrimonio también puede ser compuesto por un pedazo de queso y un bollo, no es tan sencillo.
Aprendí que si te notan el acento los taxistas te dan vueltas para que el taxímetro marque más y así tumbarte.
Aprendí que las paisas, las mujeres de Duitama y las bumanguesas son una calidad.
Aprendí que vislumbrar el fin de una meta es limitarla.
Aprendí que prefiero estar 2600 metros más cerca del mar que de las estrellas.
Aprendí que soy y seguiré siendo Daniel Bacca el mismo de siempre aquí, allá o en cualquier lugar del mundo.

lunes, 2 de noviembre de 2009

El Paseante: "My sweet fifty"

Mis zapatos se hundían en la profundidad del amorfo barro que abundaba en aquella alejada trocha, seguro la habían hecho los campesinos que venían desde lejos con sus mulas para conseguir el pasto fresco que se ve en la cima de aquella montaña. Caminaba sin rumbo alguno, estaba vestido con un traje de tres mil quinientos dólares, un Rolex con incrustaciones de diamantes y una corbata Oscar de la Renta que había comprado en algún almacén de la capital del mundo. Era todo lo que había soñado para mi vida, todo por lo que había luchado, ser un abogado con prestigio, tener un departamento lleno de lujos, unos hijos con rasgos europeos que borraran mi ascendencia tercermundista y una esposa con una belleza envidiable. Gozaba de privilegios que solo el dinero puede brindar, pero la verdad, no era feliz, luché por ser diferente y en esa búsqueda lo que hice fue salir de una inmenso costal para meterme en otro aún mas grande. Aquí me encontraba en un paraje desierto un día antes de cumplir 50 años, asqueado de mi vida, si brújula, sin destino, necesitaba caminar para pensar y la ciudad se me hizo pequeña.

Luego de andar por más de dos horas a lo lejos vi una casa, aunque vacié por unos segundos, decidí dirigirme a la puerta tentado por la vocecilla de mi conciencia que no dejaba de retumbar sin tregua por las paredes de mi cabeza, hace muchos años no la escuchaba manifestarse, es más, debió quedar disfonica de tanto gritar.
Al llegar detallo la casa con más calma; era de madera, tenía 2 pisos y un columpio carcomido por el oxido que se movía sorpresivamente gracias al impredecible antojo del viento. Al acercarme lo suficiente noté que en sus tiempos de uso había sido blanca, debió ser muy bella, me recordaba a la casa donde pasé parte de mi niñez junto a mis abuelos, cuántos sueños nacieron en esa época, muchos, sueños que fueron sepultados uno a uno cuando crecí y mis zapatos de niño empezaron a tallar mis pies de adulto, en la misma época en que mi conciencia quedó sin voz, más o menos en el instante en el que decidí cambiar del costal de los pobres para entrar en el de los ricos.


Toqué la puerta esperando encontrar a alguien que me brindara un vaso con agua, la larga caminata había gastado mis reservas, al no recibir repuesta volví a hacerlo pero nada cambió. Pensé que estaba deshabitada aunque no perdía las esperanzas de calmar mi sed, así que acerqué uno de mis oídos a la puerta para ver si escuchaba algo, sentí unos pasos, pero no, eran los latidos de mi corazón que se estrellaban fuertemente contra mis costillas. Tragué un poco de espesa saliva, me volteé algo desilusionado para marcharme a seguir el sendero que me había llevado hasta ahí, pero algo me detuvo, antes de emprender mi camino escuché un murmullo, la vocecilla de mi conciencia volvió a encenderse pero con más fuerza, lo que la primera vez había sido una petición ahora era una orden, decidí hacerle caso, la puerta estaba sin seguro así que entré sigilosamente dejando una estela de barro que se desprendía de mis zapatos, la evidencia del primer delito que cometía en mi vida. Llegué a la sala en la que inmóviles reposaban los muebles debajo de una densa capa de polvo, parecía que quienes la habitaron salieron un día rápidamente para más nunca volver. El murmullo se hacía cada vez más fuerte y pude identificar su género, era la voz de un hombre que exteriorizaba sus pensamientos en un débil susurro, al llegar al comedor lo pude ver, estaba al lado de una ventana forrada en telarañas, se veía impoluto caminando esquizofrénicamente sin salir de una deshilachada alfombra de no más de cuatro pasos de extensión, decía para sí mismo:

“Pocas palabras palpa mi lengua por minuto. Poco pasa por mi pobre‏ pensamiento paupérrimo. Pido paciencia pues he pecado por amar promiscua y profundamente a la puta plata”


Inmóvil empecé a detallarlo, tenía un espeso pelo lacio, con una raya extremadamente derecha que dividía su negro cabello en dos partes iguales, estaba vestido con un traje de paño color gris milimétricamente arreglado y unos zapatos negros de charol que brillaban con el mínimo destello de luz que lograba colarse por la cutrosa ventana.

Sin voltear el hombre de la alfombra, alzó un poco más la voz y dejó de hablar para sí mismo y dijo con firmeza:

“Pasos pesados pasean a mí alrededor, pisa fuerte paseante puedes partir tus piernas pues el piso está tan poco pulcro como esta puerca ventana. … Y por favor no pienses en los placeres pasados, piensa pasito, pues tus pesadillas las percibo como propias. Piensa pasito, tus pensares perturban mi paseo por este pedazo de alfombra“. Luego empezó de nuevo a susurrar pero ahora con un visible dejo de reproche a sí mismo: “Pocas palabras palpa mi lengua por minuto. Poco pasa por mi pobre‏ pensamiento paupérrimo. Pido paciencia pues he pecado por amar promiscua y profundamente a la puta plata”.

Decidí dejar la casa, el desquiciado sujeto aunque no parecía ser peligroso no salía de aquellas palabras que repetía cada vez con un sentimiento más profundo, lentamente moví mi pie derecho y en ese momento se volvió a referir a mí:

“Pierde el miedo paseante, penetraste mi espacio perpetuo, seguro piensas en alguna pregunta que pretendes que te conteste”

No presté atención a su petición, así que decidí seguir mi camino pero no pude completar dos pasos cuando el hombre, paró de caminar y mirándome a los ojos por primera vez me dijo en tono conciliador:

-“Piensas superfluamente tus pasos paseante, tu peregrinar parece carecer de sentido”
- “¿Cómo sabe que camino sin rumbo?“
A lo que contestó dejando escapar una leve sonrisa:
-“Puercos pares de zapatos posees peregrino, poca apropiada pinta vistes para pasear por aquí, por eso puedo probar tu proceder”.
-“¿Por qué abusa de las “Pes” para hablar?”
-“¿Por qué paseas sin pensar? Si tu pasear no posee un domicilio ¿Por qué me preguntas por mis palabras? Yo también puedo no poseer una respuesta, pregúntate primero a ti el por qué de tu peregrinar y así contestarás el por qué de mis repetitivas “Pes” ”.

El silencio penetró a la vieja casa, el chillido del oxidado columpio pareció cesar y por segundos miré al sujeto que sin conocerme me cuestionaba como nadie en la vida se atrevía a hacerlo. Me acerqué y me presenté:
- “Mucho gusto yo soy….”
- “Antonio Cáceres, un placer poder platicar contigo paseante”
- “¿Por qué sabe mi nombre?”
- “¿Por qué preguntas pendejadas? Percibo tus pensamientos peregrino, pertenezco a tus podredumbres internas.”
- “Ok, ahora va decirme que no es real.”
- “Paseante, soy precisamente lo que querías para ti, por lo que peleaste, soy todo lo que pretendiste ser. Pasa a la alfombra, ven, pasea conmigo”

Caminé hasta la alfombra, él agarró una de mis manos y con cautela me pidió que nos sentáramos mirando hacia la ventana.

- “Prosigue, cuéntame ¿Por qué paseas paseante?”
- “Porque me aburrí del mismo desayuno de todos los días”
- “La repetición puede hacerle perder el juicio a cualquier cristiano”
- “Desde que me casé hace 13 años, todos los días desayuno: 2 huevos, dos peras, 2 tostadas y dos tipos de jugos, uno acido al comienzo y al final uno dulce, luego mis 2 hijos se despiden de mí y me voy a trabajar ¿Por qué tiene que ser dos de cada cosa? ¡Maldita sea! el equilibrio me desequilibra.
- Platícame de tu preciosa pareja.
- “Mette-Marit, mi bella mujer es de ascendencia holandesa, vivirá conmigo mientras yo sea quien le sostenga su castillo de apariencias, si eso sigue pasando ella seguirá prostituyéndose por el estrato que le brindo. Siempre he sabido que no me ama, antes que tuviera con que comprar esta maldita ropa, no me miraba si no era para despreciarme y lanzarme improperios por ser de piel morena, siempre pensé que con el tiempo me amaría, pero lo que descubrí con los años es que nunca yo la había amado, amaba lo que la gente pensaba de mi por estar con una mujer como ella. Desde que nos casamos todos los días desayuno ese maldito menú, en el mismo orden: 2 huevos, dos peras, 2 tostadas y dos tipos de jugos, uno acido al comienzo y otro dulce al final”
- “¿Y tu par de pequeños?”
- “Hoy cuando se despedían noté que no tenían ningún rasgo mío. Soñé con tener hijos de piel clara, así tendrían mejores oportunidades en este mundo de pieles delicadas donde ser negro parece ser un crimen, por eso quería que ellos fueran de tez casi transparente que cuando el sol los tocara se pudiera ver el mapa de sus venas”
- ”Por qué tanta prosopopeya para hablar peregrino, tú esencia es sencilla, pura, tu vocabulario pretende discrepar con eso ¿Me intestas engañar? También noto que te cuestionas por todo, a veces preguntar poco puede asegurar tu felicidad en este mundo de apariencias, pues saber la pura verdad puede llevarte a perder la potestad de tu cabeza”.

La pulcritud de los zapatos de charol me distrajeron, en ese momento las mascaras que sostenía con tanto esfuerzo se cayeron estrepitosamente produciéndome un gran alivio, mi sentido común dormía plácidamente anestesiado por la absurda escena que vivía en ese instante. Volví en mí y sentí la necesidad de saber a quién le hablaba de mi familia con total franqueza.

- “Por favor háblame de ti”
- “Nacimos el mismo día un 2 de septiembre, crecí en las paredes de tu cabeza, primero aconsejándote, luego hablándote y por último gritándote. Cuando perdí mi voz desesperado emprendí al igual que tu un paseo sin destino, conocí tus entrañas, tu estómago, tu corazón y por último llegue a tu esponjoso intestino, anduve por ese accidentado terreno hasta que la sed me llevó a volver a mi lugar de partida. Al llegar, unté tu cabeza con los residuos de aquella travesía que se resistían a abandonar mis botas. Al llegar nada era como antes, todo era un caos, pero no era como el de tus intestinos, pues era causado por un ensordecedor silencio producto de tu vida perfecta llena de logros y privilegios, me resigné y me convertí en una conciencia viciada por el entorno, adquirí tu realidad como modelo de felicidad, empecé a sentir placer al ganar dinero y al despertar envidia en los demás. Teñí mi piel oscura hasta volverla tan pálida como la palpas ahora y me volví obsesivo, con el tiempo mi cárcel fue esta alfombra que tu confeccionaste para mí, la suciedad me aturdía así que decidí no salir de ella jamás, tu modelo de felicidad caminante es tu alfombra, hoy cansado de ser “feliz” has salido de ella, has decidido volver a escucharme y aquí estamos los dos, viendo una ventana que se desarma a pedazos curtida por el mugre, hablando de una situación que desafía a la realidad y el juicio de cualquier ser humano.”

Por unos minutos miré la ventana como esperando comprender sus palabras que podía verlas revolotear en el aire como mariposas:
- “¿Qué pasó con las “Pes”? ¡PUTA MADRE! estoy pensando parecido a ti”

- “Si la alfombra era mi cárcel las “Pes” eran los barrotes, y tú hoy los destruiste, pues eran paradigmas que flagelaban tu verdadero sentir. Mírate, das asco, apestas y has estropeado tu costosa ropa y no parece importarte, hace rato no te sentías tan a gusto contigo mismo ¿verdad?


Salí de la casa a eso de las doce del medio día, lo noté porque es la hora en que huyendo de los rayos del sol las sombras se esconden bajo las suelas de los zapatos, sentí la molestia que me producía mi reloj a mi muñeca izquierda, noté lo inútil que era, su peso era equivalente a cada kilo que pesaba mi prepotencia, lo quité con rabia y lo boté apuntando al pasto verde de la montaña esperando más nunca volver a verlo. De camino a casa mi sentido común empezó a despertar aturdido como si hubiera salido de una intervención quirúrgica, empecé a sentir la necesidad de volver a mi mundo “feliz”, Mette-Marit seguramente me esperaría con el desayuno servido utilizando su mejor cara de preocupación, mis hijos deben estar por llegar del colegio y yo por siempre me negaré a mi mismo lo innegable que fue lo sucedido, en el costal al que pertenezco solo viven los cuerdos y los sanos.

Llegué a la puerta de mi casa sabiendo lo que encontraría al girar la perilla, mi querida mujer había organizado un asado igual que todos los años, mis amigos del costal de los ricos estarían allá, puedo predecir lo que ocurrirá, luego de sorprenderse de mi andrajosa pinta me darán abrazos fuertes donde tocarán sus pechos con el mío acompañado de palmaditas en la espalda, me dirán cuanto me parecían, se embriagarán acosta mía y luego de comer hasta cansar sus mandíbulas se irán a sus casas pensando que me hicieron feliz, creyendo que en realidad los aprecio.
Un último suspiro y abrí la puerta:
- “SORPRESA”


Dedicado a la inmortal memoria del dueño de tus pijamas Paloma.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Tú, la misma de siempre…


La diminuta tira que detiene tu
vaporoso vestido poco a poco se
desliza por la suave carretera
de tu piel, pasea hasta llegar
a la intersección de tu hombro,
se detiene, como esperando algo,
una señal.


Tu mirada de vedette se escabulle
con serenos movimientos, busca el
infinito y solo cuando parece
encontrarlo deja asomar un minúsculo
destello de luz, se detiene, como
esperando algo, una señal.


Tu cabello intenta recuperar su
ensortijada forma de hace algunos años,
de pronto, hipnotizado por el sigiloso
movimiento de tu cabeza se deja guiar,
busca tu hombro y se detiene, como
esperando algo, una señal.


La luz a media asta es irrumpida
violentamente por el blanco enceguecedor
de un flash, desde ese momento, tu belleza,
tu soledad, tu desespero, tu mirada de vedette,
tu vulnerabilidad, tu impotencia, tu corta edad,
tu erótica curvatura y el minúsculo destello de
luz que escapó de tus ojos quedaron inmortalizados
en ésta foto.


Con el relámpago del flash, la
escena termina, pareces retornar a tu cuerpo,
y ya, otra vez vuelves a ser tú, la misma
de siempre…

lunes, 17 de noviembre de 2008

PENSÉ EN TÍ Y VOMITE ESTO…

Si por mis venas corriera petróleo, mi corazón seria una bomba Texaco, mis manos alcancías y mi cerebro seguro sería Bush.

Pisaría sobre países bajos, orinaría tecnología, defecaría tercermundistas, me limpiaría con dólares y escribiría cartas de amor sobre pulcros euros.

Comería monedas, bebería gasolina y me trabaría con marihuana. Expulsaría balas por mí boca, eructaría muertos y transpiraría poder.

Viviría en un mundo sin mañana, en un presente sin futuro, en un egocentrismo total. Simplemente viviría muerto…


-Inspirado en George W Bush-

lunes, 10 de noviembre de 2008

ESE FATÍDICO DÍA

El Tiempo murió esperando el fallo que le brindara la oportunidad de operarse, murió esperando que se adelantara el atraso producido por el paro judicial, murió sin montarse al Transmetro, el Tiempo murió incumpliéndole la cita a dios; sabiendo la respuesta que Julianita ahora Juliana esperaba, murió por la ineptitud del Seguro Social, murió por la lentitud de la justicia, murió ese fatídico 5 de diciembre a las 11:45 de la mañana de un paro cardiaco.

“Te habías dado cuenta que cuando tienes los brazos estirados con las manos abiertas y luego acercas una, esa se ve mas grande que la otra”, le preguntó la pequeña Julianita a dios. Él; estaba sin camisa recostado en un viejo árbol de áspera corteza rascándose la espalda, en ese momento, mira a la diminuta niña, luego de unos segundos se saca un palillo que tenía en la boca y le dice: “Sabes, tienes toda razón no lo había notado, extraño ¿no crees?, la verdad nunca me lo había preguntado”. Julianita deja de jugar con sus manos y se dirige al mismo árbol donde esta dios calmando su comezón, lo mira a los ojos y le pregunta: “Pero si no sabes tu, entonces ¿quién sabe? dios con serenidad, sigue concentrado en el lento movimiento que ha de aliviar su rasquiña, de pronto se detiene y responde:”Pues no sé, pensemos. Para contestar una pregunta se necesita conocimiento, y mucho conocimiento es sabiduría. Para llegar a ser sabio se necesita tiempo, ¡él debe saber la respuesta!,” Julianita no entendió las palabras del creador y antes que pudiera pedirle una explicación, este continuó hablando: “El Tiempo es como mi hermano, el debe saber la respuesta”. En ese instante el todo poderoso saca un celular de su ajetreado jean y se dispone a llamar a su viejo amigo.


El Tiempo se encontraba desesperado, había subido de peso muy rápidamente por culpa del estrés que le producía su trabajo, por este motivo tenía “entutelado” al Seguro Social, ya que este, no creía necesaria la intervención quirúrgica que lo libraría de esos kilos de mas; sin el bypass gástrico el Tiempo estaba condenado a la muerte. Hoy se encontraba en el consultorio de su abogado preparando los papeles necesarios, este quedaba exactamente en un edificio de oficinas en pleno Paseo Bolívar, para ser precisos al lado del edificio de la Caja Agraria. Había llegado tarde a la cita por culpa de las obras del Transmetro pues estas atascaron el tráfico vehicular, así que el bus en que se movilizaba se atrasó. El tinterillo de poco pelo de su abogado estaba histérico por haberlo hecho esperar, no dejaba de recriminarle: “Esto es el colmo, el Tiempo llegando tarde, já, que ironía”. En ese preciso momento, suena su celular, “Hola, como va todo ¿bien?-. Si, ¿dime cuál es la duda?, ya entiendo, sé la respuesta pero la verdad no creo que pueda explicarte por teléfono y además ahora no tengo tiempo, si quieres cuando salga de todo esto voy y te aclaro tu inquietud”.


“Llamadas, llamadas, llamadas” gritaba en medio de la 72, aquel hombre de chaleco amarillo, el mismo que en su mano derecha sostenía un letrero que decía en grande: “Hoy es día tigo”. Este año había pasado vertiginosamente, ya era 5 de diciembre, un día normal como todos para el mencionado sujeto. Como de costumbre esquivaba a los carros que le pasaban alrededor, recordando sus épocas de payaso en las corralejas del 20 de enero. Estaba contento pues ya casi era hora de almuerzo, más o menos las 11:45 de la mañana; el reloj castigaba con la hora más tediosa y el sol insoportable no perdonaba a ningún cristiano que transitara sin protección, el rugir del estómago hacían que el vendedor de minutos no viera la hora de que fueran las doce para ir a almorzar, pero eso nunca ocurrió. Pasó mucho tiempo y el reloj seguía sin mover sus manecillas, cansado el hombre que vivía de venderle minutos a la gente decidió empezar a preguntar la hora, pero todos, le decían lo mismo: “Son las 11:45 mi brother”.


Desde el 5 de diciembre a las 11:45 de la mañana se habían desatado una serie de situaciones:
Uribe celebró, se había cumplido la hecatombe que lo haría permanecer en el poder, Chávez todavía está de fiesta pero no invitó a Uribe, los enfermos terminales siguieron con sus vidas y es normal verlos en Carrefour haciendo mercado, por su parte, los condenados a muerte viven esperando que el reloj nunca más vuelva a caminar. Por siempre siguió siendo de día y la misma hora, los niños ya no tenían que irse a acostar, así que jugaban hasta caer del cansancio, ya no había inseguridad debido a que no existían rincones oscuros, también las prostitutas abandonaron su trabajo nocturno y se hicieron ricas chantajeando a sus antiguos clientes a cambio de no revelar sus nombres.


No todos celebraron, ese mismo día Alberto Santofimio esperaba salir libre a las 12 Pm, un día después de haber sido declarado inocente, pero como el reloj se detuvo a las 11:45, esos 15 minutos se convirtieron en su cadena perpetua. El hombre de chaleco amarillo abandonó su empleo pues los minutos no pasaban así que no podía cobrar las llamadas, tiempo después emprendió un viaje hasta la Torre del Reloj en Cartagena, ya que había recordado que su padre le decía de niño que ese era el único reloj que no se atrasaba, pero al llegar y mirar la hora dijo entre dientes: “mi papá era un mentiroso”.