Con el tiempo, aprendí
a tocarte sin tocarte, a besarte sin besarte, a hacerte sentir mujer al producir en ti un inesperado suspiro, a
abrazarte con el suave soplido de mi recuerdo, a ser el sol que te despierta, a
ser la luna que te desvela, a caminar descalzo por tus pensamientos, a ser la lluvia que cae sobre tu cuerpo, a ser aquel en que piensas de dientes para dentro, a ser un desconocido si te preguntan por mi.
Con el tiempo, aprendí que en tu camino no soy sólo una efímera
visita, a ser quien consuela tu alma
murmurándole caricias en el silencio de tus temores, a que nadie tropieza mis pasos sin un propósito definido, a ser aquel que se rehúsa a
no ser tu primer pensamiento al levantarte, a tenerte cuando se me antoje sólo
con cerrar mis ojos y verte tatuada en la parte interna de mis pupilas.
Con el tiempo,
aprendí a aplaudir lo platónico de tu compañía, lo intangible de tu aliento, lo
bello de tu sombra desnuda, a apreciar lo que no se ve pero si se siente, a
quitarle las horas al tiempo que nos separa, a esperarte en ese espacio sin época sin importarme si decides venir o decides no
hacerlo, de igual manera nadie puede prohibirme tenerte cautiva en mi cabeza.
