!Ay mis palabras¡ Hijas precoces que se juntan unas con otras, otras con unas, toman sentido, crean historias, moldean sentimientos y cuando se creen listas amarran sus abarcas y salen a vagar por el cosmos.
Tan livianas como los sueños viajan vestidas con harapos de colores y lentejuelas. En sus bolsillos cargan un pasaporte universal que les permite recorrer lo inimaginable, visitan las almas fértiles que deciden escuchar sus historias, ahí: las tocan, las aman, las odian, las tiran, las cuestionan, las toman como propias pero siempre las sienten, simplemente las sienten.
Mientras, yo sigo acá, sentado frente a un teclado creando nuevas palabras ego centristas, ingratas, volubles y precoces que me recuerdan a ese millar de hijas perdidas en el cosmos.
Con el sonsonete del teclear les invento una canción de despedida sabiendo que pronto abandonarán mi cabeza y olvidarán su lugar de nacimiento, conocerán el interior de otras gentes y mi nombre ya no les será familiar.