sábado, 18 de octubre de 2008

EL ANILLO DE COMPROMISO

Por: Daniel Bacca.
17 de octubre de 2008.
Hace algún tiempo, nació una palmera, era una minúscula planta que no sobrepasaba la altura de tres dedos meñiques. Poco a poco fue creciendo, se hizo señorita y antes que pudiera notarlo había procreado a su primer coco. Este, era muy verde, le recordaba a la palmera la época en que su madre también había sido señorita y la había engendrado, por eso lo sostenía con fortaleza evitando que el cruel viento se lo arrebatara de las manos. Llegó el día en que el coco fue muy pesado y aunque la madre intentó sostenerlo, perdió la batalla con el viento y con un ligero soplido se desprendió, la madre lo despidió moviendo sus palmas embriagadas de impotencia.


El hippie que vende artesanías a pie por la ciudad, acostumbra de vez en cuando irse a fumar un porro en el Parque Tayrona. Como es un hombre solitario, no necesita la aprobación de nadie para irse en el momento que se le antoje, así que empacó una hamaca, dos “mochos”, un calzoncillo, dos latas de atún y un tabaco, luego, tomó un bus de la Carolina para que lo llevara a la terminal y otro que lo dejó a puertas del de la reserva natural. El viaje dejó exhausto al incansable caminante, él era consiente que ese viaje tenía nombre y apellido, su ex pareja lo había dejado por un repartidor de tintos, pues pensaba que con él iba a tener una vida mas estable y seria.

El día sucumbió ante la noche, esa en particular era muy cruel para el caminante, pues la oscuridad le producía la misma sensación que tener los ojos cerrados cosa que detestaba, pues a su cabeza se le venía la imagen de la traicionera mujer, por ese motivo juró no volver a cerrar los ojos sin importar que la brisa soplara con rigor, por eso en medio de ese fastidio, decidió que no podía seguir caminando, no colgó la hamaca si no que se recostó donde pudo a fumarse su único porro.


La noche se despedía y la madrugada sorprendió el hombre de poco equipaje recostado a una palmera con medio porro en la mano y las piernas desparpajadas llenas de arena.

El coco cayó, se secó de tanto llorar a su madre y murió, ese pudo haber sido su final pero no. Al caer fue amortiguado por la cabeza del caminante, despertándolo de inmediato con un dolor de cabeza tan fuerte como un guayabo de José Cuervo, por varias horas observó el proyectil, hasta que en medio del dolor, se le ocurrió prender el medio porro que le quedaba pues era lo mas parecido a un analgesico que tenía, por un largo rato no dejó de observanlo hasta que entendió su trajedia y comprendió luego de un suspiro y una sonrisa, que simplemente su ex amor era una puta.


Y esa es la historia del coco de donde fueron esculpidos nuestros anillos de compromiso, ese hippie me la contó y no dudé en comprarlos.

martes, 14 de octubre de 2008

AUSENCIA

AUSENCIA
Sólo cuando toqué tu ausencia con mis manos me di cuenta de la oscuridad en la que me encontraba. La noche suspiraba su aliento mas frío y yo, en este pequeño vacío, sin piso, sin techo, sin aire, no espero un desespero y por eso prefiero no pensar.

El contacto de tu telefónica voz no me abraza lo suficiente, poco a poco la sonoridad que la caracteriza, va desmoronando con su soplido el olor de tu piel en mi memoria. Me da miedo olvidar el tamaño de tus manos, me da miedo abrazarte y no sentirte mía, me da miedo sentir miedo, me da miedo olvidar nuestra historia, me da miedo despertar y que tú no seas mi primer pensamiento.

El humo que sale de mi boca dibuja el camino que nos separa, irrita mis ojos y por eso las gotas empiezan a salir como si fuera sudor. Sólo Soda, Calamaro y mi arguile saben cuanto te he pensado, eres mi única certeza, sólo sé que te amo, eres mi piso, aunque ya no sé si tu ausencia es mi verdadero meta relato.