
Hace poco alguien me pregunto: “…Y Bueno en este tiempo; qué aprendiste en Bogotá”, luego de mucho pensar y por algunos momentos caminar por la carretera del tiempo en retro pude llegar a éstas breves conclusiones:
Aprendí que la bacanería existe en otras latitudes distintas a la costa.
Aprendí que soñar no cuesta nada.
Aprendí que el sabor no se improvisa ni se aprende, simplemente se tiene o no se tiene.
Aprendí que la luna de Barranquilla si tiene algo que maravilla.
Aprendí que los “no joda” también existen en la capital, simplemente que son rojos y tienen un nombre distinto.
A prendí que este acento bien administrado da muy buenos dividendos.
Aprendí que entre más personas conozco, más aprecio a mis pocos amigos.
Aprendí que pagar $10.000 pesos por una cerveza es un precio justo si el lugar y la compañía lo ameritan.
Aprendí que el dinero es más fácil de conseguir de lo que pensaba pero más difícil de mantenerlo en el bolsillo de lo que esperaba.
Aprendí que amo a mi hermano.
Aprendí que el frío es una buena excusa para abrazar a una mujer.
Aprendí que aunque el sol es el mismo y que Bogotá está 2600 metros más cerca de él, acá se siente más cerquita.
Aprendí que un buen arroz con coco y un buen pescado no sabe igual si no se está escuchando a las olas estrellar unas contra otras.
Aprendí que en un “ajá” cabe la explicación del mundo entero.
Aprendí que siempre que hablo con las personas que amo al escuchar su voz imagino su rostro.
Aprendí que no solo en Barranquilla hay niñas lindas.
Aprendí que no existe lugar lejano sino miedo a lo que se encontrará fuera de casa.
Aprendí que el carnaval es mucho más que ron maicena y agua helá.
Aprendí que el abrazo de mi madre y de mi abuela vale más que todo el dinero del mundo.
Aprendí que mi ciudad Barranquilla no es un sitio o un espacio delimitado; es un estado del alma...
Aprendí que soy un hombre del Caribe y que aunque mi piel es clara mi sangre es oscura, nunca lo voy a olvidar.
Aprendí o mejor reafirmé, que a las mujeres hay que quererlas y no entenderlas.
A prendí que el tropipop es un mal intento de pasar al vallenato de lo particular a lo universal.
Conocí a una tía espectacular.
Aprendí que en Bogotá no era nadie y que en Barranquilla si lo soy.
Aprendí que lo más difícil de arrancar es dar el primer paso.
Aprendí de donde venía mi abuelo y también entendí parte de mi forma de ser.
Aprendí que hay gente que me quiere sin ser de su familia.
Aprendí que las cachacas son desconfiadas; pues dejan las nalgas en la casa.
Aprendí la diferencia entre orgullo por mi región y regionalismo.
Aprendí que hay cachacos buena gente (muy pocos, como dos o tres, no mentiras…).
A prendí a comer y a comprar buen chontaduro.
Aprendí que explicarle a un cachaco que un matrimonio también puede ser compuesto por un pedazo de queso y un bollo, no es tan sencillo.
Aprendí que si te notan el acento los taxistas te dan vueltas para que el taxímetro marque más y así tumbarte.
Aprendí que las paisas, las mujeres de Duitama y las bumanguesas son una calidad.
Aprendí que vislumbrar el fin de una meta es limitarla.
Aprendí que prefiero estar 2600 metros más cerca del mar que de las estrellas.
Aprendí que soy y seguiré siendo Daniel Bacca el mismo de siempre aquí, allá o en cualquier lugar del mundo.
3 comentarios:
Bien... Aprendí que leyendo este escrito me he vacilado la vida un rato, aprendí que hay que hacer una tertulia pronto, y aprendí que las botellas marrones y de etiqueta amarilla nos hacen falta. Muy bacano, es interesante la mezcla entre lo risible y cómico con lo sentimental, espiritual y personal.
Éste es el primer trayecto de muchos, bacanísimo que vuelvas y te cuestiones sobre lo que has aprendido, aunque siempre existirá la sensación de que se quedaron mil aprendizajes por nombrar.
Volver, sin embargo, nunca es retroceder y mucho menos cuando volver, implica reencontrar: el reencuentro es tan importante como la misma búsqueda y la felicidad no está en el destino, sino en cada trayecto.
No sé si alguna vez te lo he dicho, en todo caso, estoy muy orgullosa de ti.
Adelante, caminante.
"Aprendí que prefiero estar 2600 metros más cerca del mar que de las estrellas."
Hay cosas que sólo se aprenden y se aprecian a la distancia, por eso a veces es bueno salir de casa, de tu zona de confort. Es ahí cuando te conoces y te das cuenta de lo que eres realmente capaz.
Que rico poder leer esto.
Un abrazo!
Publicar un comentario